Silogismo católico
Me gusta pensar ordenadamente, y aunque no siempre lo logro siempre lo procuro. La publicación de hoy tiene que ver con la ausencia de este orden, una vez más, en el pensamiento católico, aunque podría ser válido en otras religiones. Antes debo aclarar que a este orden de ideas se le llama "lógica", que parece ser más difícil de encontrar.
Hoy utilizaré el silogismo para comprobar un desorden del pensamiento, o bien, un orden perverso, malintencionado y retrógrada:
El silogismo es un Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos. (premisa mayor + premisa menor = conclusión)
Por ejemplo
Premisa mayor: El alcoholismo es una enfermedad
Premisa menor: Pedro es alcohólico
conclusión: Pedro está enfermo
La conclusión necesariamente se deduce de las dos premisas.
Bien, luego de esa explicación, revisemos otro orden de ideas, ahora el de un razonamiento vertido desde la religión católica (pero perfectamente aplicable insisto, a otras religiones)
Premisa mayor: Todas las experiencias,resultadas de errores o no, si son procesadas inteligentemente, dejarán algún aprendizaje.
Premisa menor: En la religión católica a las decisiones que atentan contra los principios dogmáticos, se les considera pecado.
Conclusión: En la religión católica aprender es pecado.
Además, como es pecado, hay que arrepentirse.
¿Por qué habría de arrepentirme si de esa experiencia obtuve algún aprendizaje?
¿Debo arrepentirme, entonces, de aprender?
Hoy sabemos que de los errores se aprenden. Aunque sea un error enorme e irreparable, hay cuestiones positivas y rescatables que hay que considerar experiencia y, por lo tanto, aprender. Un sujeto que se dedique a seguir instrucciones y no aprender no es diferente a una bestia de carga.
Solución: Mantente ignorante y Dios te abrirá las puertas del cielo. El hombre sólo debe seguir instrucciones dictadas por el todopoderoso y no tomar decisiones porque éstas lo llevarían a aprender. ¡Blasfemia!
Eso explica porqué en las iglesias no se enseña a pensar, sino a "qué pensar". A eso se le llama alienación y adoctrinamiento. ¿Dónde quedó, entonces, el libre albedrío del que tanto se jactan muchos religiosos?



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