martes, mayo 24, 2011

El Salto

El hombre, por medio de su racionalidad, no puede llegar a lo sagrado, puesto que el individuo es finito en un mundo infinito, tratando de comprender al omnisciente, ubicuo, todopoderoso . Lo puede intentar, pero llegará un momento en que no pueda avanzar más. En ese momento se da el “salto” de la razón a la fe. La creencia en Dios, pues, requiere un acto no racional. La fe no es la razón, es de otro orden. Nada tiene que ver con lo deductivo, lo analítico es decir, todo lo constitutivo de la razón. La fe consiste en “entregarse sin preguntar, sin dudar, sin cuestionar, analizar toda la existencia. Por lo que un hombre que cree, no necesita hacer mucho. Él piensa por el; Él vive por él; incluso Él muere por él. Dejar todo esto sin razonamiento, es decir, sin un proceso ordenado del pensamiento, también llamado lógica, es un crimen al intelecto.

Ahora bien, no se trata de dudar de todo, desde una visión nihilista negativo, sino de realizar un proceso constructivista, donde se incorporen elementos útiles para la vida. Es decir, desde las necesidades ontológicas, vertidas en la experiencia personal del sujeto, construir para sí mismo esquemas, métodos y sistemas saludables que le permitan acceder a la felicidad. Para tal propósito es necesario creer en un ideal, pero gestado desde la necesidad personal y no desde una creencia doctrinaria, manipuladora y disfuncional, también llamada religión organizada.

Texto basado en "El Salto" de Karl Jaspers

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